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El Paseo de la Reforma

Antecedentes

Paseo de la Reforma

Ya a finales del siglo XVIII, los habitantes de la ciudad de México, para ir al bosque de Chapultepec, para recreación o de paseo, o para ir a los pueblos cercanos al lugar, tomaban dos rutas: la que iba desde la fuente de Salto del Agua (hoy cruce del Eje Central Lázaro Cárdenas e Izazaga) hasta los manantiales del bosque, al pie del cerro y del castillo. La otra ruta iba desde la calle de Tacuba, en el centro de la ciudad, hasta el acueducto de la Tlaxpana (atrás de Bellas Artes), de ahí hasta la Garita de San Cosme con rumbo al Poniente en la misma dirección de donde venía el desaparecido Río del Consulado.

Entrado el siglo XIX, y con la inestabilidad política que sacudía al país, al instalarse el entonces nombrado emperador de México, Maximiliano I en el alcázar del Castillo de Chapultepec y designarlo como la residencia Imperial, y a falta de un camino que le comunicara de forma directa al mismo castillo con la Ciudad de México y le redujese el tiempo de traslado de un lugar a otro, considera entre los planes de urbanización de la ciudad, la creación de una avenida que comunicara de forma directa a la residencia Imperial con el centro de la capital.

Su origen: diseño y trazado

Glorieta del ángel de la independencia

Para llevar a cabo tal empresa, Maximiliano I encarga el diseño y construcción del proyecto del "Paseo de la Emperatriz" (en honor a Carlota) al ingeniero de minas austriaco Luis Bolland Kuhmackl. Maximiliano, quién buscaba imitar el lujo y boato de las cortes europeas, busca crear una avenida en la Ciudad de México que superara o igualara a los bulevares parisinos.

El diseño original, contemplaba la creación de un gran bulevar que arrancara desde la Glorieta del Caballito (hoy cruce de Paseo de la Reforma y Bucareli) hasta la entrada al Bosque y Castillo de Chapultepec. Las dimensiones proyectadas para tal avenida serían de 19 metros de ancho, con arboledas y prados de unos 9 metros de ancho a cada lado de la misma. Se pensó también en la colocación de bancas de fierro colado colocadas en ciertos puntos de los camellones y la creación de una glorieta ubicada a la mitad del bulevar, en la cual se colocaría un monumento a Cristóbal Colón. Con la caída del imperio, el proyecto solo quedó en el trazo de la avenida y el camellón central.

El paseo Degollado

Paseo Degollado

Con la caída del segundo imperio y el retorno de Benito Juárez al poder quedaron suspendidas las obras, aunque en este periodo se dieron dos acontecimientos importantes: el primero fue su cambio de nombre a "Paseo Degollado" en 1867 y el segundo fue la abolición del carácter exclusivo de la vía en 1872 (originalmente estaba prohibido el tránsito público, siendo sólo de carácter aristócrata).

Tras la muerte de Juárez y durante el período presidencial de Sebastián Lerdo de Tejada, fue que realmente se reiniciaron las obras de diseño y urbanización del paseo, construyéndose un largo terraplén y el puente de La Teja de 8 metros de ancho (sobre una zanja) que permitió el tránsito sin contratiempos en todo el trayecto de la vía. Además se hizo más ancha la calzada central y se le fue dando forma a los andadores laterales, se plantaron nuevas hileras de árboles, se le agregaron bancas de cantera, pedestales designados a soportar estatuas de la mitología griega y se trazaron otras cuatro glorietas de 110 m de diámetro, ubicadas entre la Estatua ecuestre de Carlos III y la glorieta diseñada por Bolland, que tenía 120 m de diámetro. Fue en esta época que mediante un decreto en 1872, se le da el nombre que a la fecha ostenta de "Paseo de la Reforma"

Alameda central

El Paseo de la Reforma ha sido uno de los ejes de aglomeración económica y de poder en la historia capitalina desde mediados del siglo XIX. Su propuesta inicial se le atribuye al Emperador Europeo Maximiliano, quien ocupó el  trono del Segundo Imperio Mexicano después de que el ejército francés ocupara la capital en 1863 y Juárez tuviera que abandonarla.

El modelo de los bulevares parisinos

En la creación  de la monumental calzada que uniría el centro de la ciudad con el Castillo de Chapultepec, residencia del emperador, Maximiliano reprodujo el esquema de los Campos Elíseos, modelo neoclásico de los majestuosos bulevares creados por Haussmann, que convirtieron a la ciudad de Paris en la más moderna del mundo.

Bulevares

La Calzada del Emperador comenzaría en la Glorieta de Paseo de Bucareli, ocupada desde 1852 por la estatua ecuestre del Rey Carlos IV conocida coloquialmente como El Caballito, y terminaría en el Castillo de Chapultepec. El proyecto incluía la construcción de edificios públicos a lo largo de la calzada. Sin embargo, el proyecto de Maximiliano de edificar un paseo al estilo de Haussmann quedó inconcluso y sin embellecimiento, debido a la caída del imperio en 1867, el fusilamiento de Maximiliano, y el retorno de Juárez al poder.

Durante el gobierno de Juárez al paseo no se le hizo modificación alguna; sólo  adoptó el nombre de Calzada Degollado y se convirtió, por órdenes del Presidente Juárez, en paseo público. Después de la muerte de Juárez en 1872, asumió la presidencia Lerdo de Tejada, quien decidió ese mismo año renombrar la calzada, denominándola Paseo de la Reforma en honor a las leyes de Reforma.

En 1873 el Paseo fue ampliado, se le añadieron dos franjas a ambos lados para darle más amplitud, se sembraron hileras de fresnos y sauces a lo largo de ellas, y se colocaron las primeras bancas, de tal manera que se formara un andador. Asimismo, se proyectaron cuatro glorietas más para la parte que dejó inconclusa Maximiliano. (Martínez de la Machorra, 1994: 160).

Las  estatuas del Paseo de la Reforma

Diana cazadora

Con el objetivo de realzar la imagen de la Calzada y de dotarla de contenido simbólico, decidieron engalanarla con monumentos conmemorativos donde se representara la historia de la patria: la lucha de la nación contra la conquista española, por la independencia y la reforma.

Así, en 1887 el Paseo de la Reforma se engalanó con la inauguración del monumento a Cuauhtémoc.

En 1892, con motivo del festejo del aniversario de la batalla de Puebla, se colocaron al inicio del Paseo de la Reforma, en la intersección con Bucareli, las esculturas de Izcoátl y Ahuizotl, esculpidas en bronce y que con el tiempo adquirieron un tono verdoso, motivo por el cual se les denomino los Indios Verdes. 

Entre 1887 y 1899, en diferentes fechas conmemorativas, se colocaron en el Paseo, entre el cruce con Bucareli y el cruce con Florencia, 36 estatuas de los personajes más destacados que representaban a cada estado del país y que hubieran influido en el movimiento de la reforma, alternadas con jarrones de bronce.

En 1902 se colocó en la cuarta glorieta del paseo la primera piedra para construir el monumento que honraría a los héroes de la independencia. El arquitecto Rivas Mercado fue quien proyectó y realizó la columna de la independencia. El monumento concluido fue inaugurado por Díaz el 16 de septiembre de 1910, durante la celebración de las fiestas del centenario de la Independencia.

El Ángel de la Independencia, cuyo nombre original es "La Victoria Alada"

Glorieta del Ángel de la Independencia

En las cuatro esquinas del pedestal de este monumento se encuentran representadas mediante figuras femeninas de bronce, la paz, la justicia, la ley y la guerra, así como un gran león guiado por un genio que simboliza la fuerza del pueblo. En un segundo nivel, se rinde homenaje a Miguel Hidalgo y Costilla; a su derecha, una figura femenina le muestra un libro donde están escritas sus hazañas; a la izquierda, la patria le ofrece una corona de laurel. (Martínez Assad, 2006: 18). En las cuatro esquinas del segundo nivel, en mármol blanco, se encuentran los principales héroes de la independencia: José María Morelos y Pavón, Vicente Guerrero, Javier Mina y Nicolás Bravo.

En la cima de la columna, se encuentra la victoria alada sosteniendo en una mano una corona de laurel símbolo de la victoria; en la otra, una cadena de eslabones rotos simboliza la independencia.

Hoy, ¿y mañana?

La victoria alada, conocida popularmente como el Ángel, se convertiría mas tarde en el símbolo de la ciudad, y el escenario para llevar a cabo eventos cívicos, marchas, celebraciones deportivas y políticas, y las festividades más relevantes de la ciudad.





 

Bibliografía consultada


Benévolo, Leonardo, [s/f], "Curso de diseño", en Arquitectura -Autogobierno, enero-febrero 1977, Escuela Nacional de Arquitectura-autogobierno, UNAM, México, DF., México.


GDF, CONACULTA, INAH,  2004,  Memoria de la ciudad de México, cien  años, 1850-1950, GDF, CONACULTA, INAH, Fundación Televisa y Lunwerg Editores, Barcelona, España.


Martínez Assad, Carlos, 2005, La patria en el Paseo de la Reforma, Fondo de Cultura Económica, México, DF., México.


Martínez de la Machorra, Cecilia y Luís Gabriel Juárez, 1994, La Lotería Nacional y su ámbito urbano. La puerta al México moderno, UNAM, México, DF., México.


Segurajauregui, Elena, 1990, Arquitectura porfirista. La colonia Juárez, Universidad Autónoma Metropolitana, Azcapotzalco, México, DF., México.


Sosa, Francisco, 1996,  Las estatuas de la reforma, UNAM, México, DF, México.

* Maestra en Estudios Regionales por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora y Candidata a Doctora en Urbanismo por la UNAM; Miembro de Metrópoli 2025