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Basílica de Nuestra Señora de Ocotlán

A escasos diez años de la aparición de la Virgen de Guadalupe al indígena mexica Juan Diego, se aparece de nuevo a otro Juan Diego de su pueblo enemigo, Tlaxcala.

Pintura que representa la aparición de la Vírgen de Guadalupe a Juan Diego

Se dice que la aparición fue en Ocotlán un día próximo al comienzo de la primavera de 1541. La Vírgen se le apareció a Juan Diego en el bosque de ocotes, que estaba en camino a recoger agua para llevarles a los enfermos de una epidemia que ocurría en su pueblo, Xiloxostla. Se cuenta que la Vírgen se le apareció, le dio agua y le dijo que comunicara lo sucedido a los monjes franciscanos, indicándoles que se encontraría una imagen suya en el interior de un ocote que debería de ser trasladada al templo de San Lorenzo.

Fue ya al atardecer cuando los frailes fueron y encontraron el bosque incendiado con llamas que no consumían. Había un gran árbol que irradiaba una luz especial, lo cortaron y encontraron la escultura de la Vírgen María que hoy está en el altar mayor.

La virgen que cambia de color

Cuenta la leyenda que el sacristán volvió al patrono San Lorenzo a su sitio, poniendo a la nueva imagen en el lugar vacante y que los ángeles por tres ocasiones restituyeron a la Virgen al sitio de honor.

Altar a la Vírgen de Guadalupe

Existe la toería de que el rostro de la Virgen cambia de color entre el rojo y el pálido, según las etapas del calendario cristiano o los acontecimientos que vive la sociedad, incluso hay testimonios de quienes la han visto sudar.

El padre Juan de Escobar inició la construcción del nuevo santuario en 1687 para suplir al de San Lorenzo, que había sido construido por ordenes de Motolinia para sustituir al teocalli existente. Quien más participó en la terminación de la obra y en el revestimiento de retablos y camarín fue Manuel Loyzaga (1716 - 1758). La fachada fue construída por José Meléndez (1767 - 1784).

El templo de Nuestra Señora de Ocotlán es considerado como uno de los mayores logros del arte barroco estípite o chirrigueresco en México. Logra, como Santa Prisca, una sensación de fuga al angostar visualmente el basamento de las torres.

Retablo de Basílica

La fachada está considerada como la composición más rica hecha en ladrillo y argamasa por los constructores poblano-tlaxcaltecas. Se compone de un impresionante retablo nicho bajo una producción en forma de concha. En dos cuerpos revolotean los siete arcángeles que flanquean a la Inmaculada Concepción, que se yergue sobre un San Francisco de Asís con los tres globos, símbolo de sus órdenes.

El conjunto escultórico sentral tiene como mampara la ventana estrellada del coro, que contribuye al efecto etéreo. El interior nos lleva a la parte que hace alusión de la aparición de la Vírgen en un bosque en llamas. Este ambiente está logrado en los claroscuros producidos por el oro de los retablos y la iluminación. Toda la iglesia es una ascua dorada, no hay espacios vacíos.

 

 

 

Camerín de la Basílica