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La Independencia de México III, Auge de la revolución popular

La Independencia de México, Juan O'gorman

Auge de la revolución popular 

El auge de la revolución popular se vincula íntimamente con la recia figura de José María Morelos y Pavón. Conociendo la situación cierta del pueblo explotado por el sistema colonial, sería el revolucionario genial que hizo tambalear el poder virreinal, el ideólogo progresista, intérprete y auténtico vocero de las demandas populares. El ilustre caudillo nació en Valladolid (hoy Morelia), el 30 de septiembre de 1765. 

A los catorce años abandonó la ciudad natal y se entregó a la dura vida del campo y tal vez a la arriería, viviendo él mismo la explotación colonial padecida por mestizos, indios, negros mulatos.

Morelos encontró en la carrera eclesiástica la única fórmula para lograr una preparación académica, carrera abierta para criollos y mestizos. A los veinticinco años, en 1790, ingresó en el Colegio de San Nicolás Obispo, plantel fundado en 1540 por Vasco de Quiroga, quien le dio un carácter humanista de acuerdo con las ideas de Tomás Moro y lo proveyó de los medios económicos para mantener su autonomía respecto de la autoridad episcopal. Al ingresar en el Colegio era rector el ilustre bachiller, reformador intelectual, Miguel Hidalgo. Aunque no fue directamente su discípulo, sí recogió de él sus ideas libertarias y avanzadas que entonces se respiraban en las aulas y corredores de esa casa de cultura.

Después de dos años cursó filosofía en el Seminario Tridentino de Valladolid, creado en 1770 al oponerse el cabildo eclesiástico, apoyado por el testamento de Quiroga, a que el Colegio de San Nicolás fuese transformado en seminario conciliar. 

En 1775 el seminarista obtuvo el grado de Bachiller en artes de la ciudad de México, yen 1797 se ordenó de presbítero. Al siguiente año, fue nombrado cura interino del pueblo de Churumuca, haciéndose cargo posteriormente del curato de Carácuaro. Aquí permaneció poco más de una década como cura rural, y en estrecho contacto con su pueblo, recorría su extenso y pobre curato, que incluía además Nocupétaro y Acuyo.

La aparente tranquilidad del curato de Carácuaro se rompió con la lucha insurgente. Morelos identificado con el movimiento revolucionario se aprestó a participar de inmediato. El 20 de octubre de 1810 marchó a entrevistarse con Hidalgo en Charo e Indaparapeo y el cura de Dolores lo comisionó para acaudillar la revolución en el sur del país.

José María Morelos y Pavón

El caudillo se trasladó a Carácuaro, armó un pequeño grupo de 16 indígenas y el 25 de octubre partió rumbo a Huetamo, iniciando su primera campaña militar. En esta población reclutó cerca de 294 hombres de a pie y 50 de a caballo. Al momento marchó a Churumuco, Tepalcatepec y por el poblado de Las Balsas se internó en el actual estado de Guerrero.

El 17 de noviembre lanzó su primer bando anunciando que establecía un nuevo gobierno, suprimiendo la perversa división de castas y otorgando a todos los habitantes del país el título de americanos libres. Declara abolido el estanco del tabaco y reglamenta alcabalas. 

Además, ordena que "Nadie pagará tributo, ni habrá esclavos... los indios percibirán los reales de sus tierras como suyas propias". Desde ese momento asoma su ideología avanzada que se proponía destruir el sistema feudal imperante: esclavitud, tributos y discriminación racial. 

De acuerdo a las instrucciones de Hidalgo tomó rumbo a Acapulco, tocando Petatlán, Tecpan, San Jerónimo, Coyuca y El Veladero. Aquí y en Tonaltepec alcanzó sendas victorias sobre los realistas.

Se fortificó en Paso Real de la Sabana, donde se incorporó a sus filas el valeroso Hermenegildo Galeana. Debido al reforzamiento de las tropas virreinales no logró tomar Acapulco, pero desde el cerro de El Veladero dirigió ataques intermitentes para trastornar la comunicación entre el puerto y la capital. Luego ocupó los pueblos de Chilpancingo, Tixtla, Tlapa y Chilapa. Con la ocupación de este último punto concluye su primera campaña el 15 de agosto de 1811. 

Cuando ocupó Tixtla el 25 de mayo de 1811, se suscitó la escena que de tanto repetirse a su entrada en otras plazas, le resultó familiar al ilustre soldado. 

El cura Miguel Mayol que acababa de predicar contra él en el púlpito, se le acercó rodeado de acólitos con cruz y ciriales, para decirle: "Vengo, excelentísimo señor, a decir a V.E. que todo está listo para el Te Deum". Morelos, visiblemente disgustado, le reconvino con energía: "¿Y quién ha dicho a usted que yo quiero Te Deum? ¿Acaso presume usted que ignoro lo que ha predicado y hablado? Retírese usted y no escandalice más a sus feligreses. Yo no quiero más Te Deum que la gratitud de los pueblos a quienes vengo liberando del yugo español. ¡Váyase usted!

A fines de 1811 creó la Nueva Provincia de Tecpan, que modificada la estructura política colonial, y expide poco después el decreto de inspirada doctrina agrarista: "Entregarán las justicias, las tierras a los pueblos para su cultivo sin que puedan arrendarse, pues su goce ha de ser de los naturales en los respectivos pueblos" A la vez declara abolido el estanco del tabaco, reglamenta las alcabalas, acuña monedas y empieza a manejar la idea del Congreso Nacional. Con estas medidas ataca frontalmente la estructura económica y social del virreinato.

El ideal de instaurar un gobierno insurgente y convocar a un congreso afloró desde los mismos inicios de la guerra de independencia. Hidalgo fue el primer promotor de estas ideas e instruyó a sus lugartenientes a este fin. Ignacio López Rayón y José María Morelos comprendieron este imperativo y trataron por todos los medios de sostener al gobierno revolucionario constituido.

Morelos movido por este propósito acoge con entusiasmo el proyecto de López Rayón para establecer una Junta Nacional y envía a su representante al doctor José Sixto Verduzco, que había sido catedrático, vice rector y rector del Colegio de San Nicolás, así como maestro en el mismo, de López Rayón. 

Ignacio López Rayón

Ignacio López Rayón (1773-1832) era originario de Tlalpujahua, Michoacán y obtuvo el título de abogado en la Universidad de México. Incorporado en las filas de Hidalgo en octubre de 1810, fue su secretario, y, posteriormente, en Guadalajara, Secretario de Estado y Asuntos Exteriores. Después de la aprehensión de Hidalgo y Allende asume la jefatura de la insurgencia y se apresta a crear un mando central que reúna a las fuerzas rebeldes. Conduce a sus tropas hacia el sur hasta llegar a fortificarse en Zitácuaro.

El 21 de agosto de 1811 se instala en la misma Zitácuaro la Suprema Junta Nacional de América con López Rayón que preside y vocales Liceaga y Verduzco. Esta Junta que "buscaba la unión de españoles y americanos" conservaba la legislación eclesiástica e ilesos los derechos del "muy amado señor don Fernando VII". Representó por tanto, la corriente moderada de la revolución. A este grupo pertenecieron algunos intelectuales de la pequeña burguesía como Andrés Quintana Roo, José María Cos, Vicente Santa Maria, Carlos María de Bustamante, Juan Nepomuceno Rosains, quienes finalmente apoyaron la tesis "morelista" y fueron abanderados de su causa. La junta publica periódicos y manifiestos y es de hecho el principal núcleo propagador del pensamiento político insurgente moderado. El doctor Cos edita "El Ilustrador Nacional" y "El Ilustrador Americano" y colabora en el "Seminario Patriótico Americano" que dirigió Quintana Roo. Por su parte Morelos representaba ya entonces la corriente revolucionaria y popular que luchaba por una profunda transformación de la sociedad colonial.

Es en Chilapa donde el "Rayo del Sur" con renovados bríos prosiguió la lucha independiente en los inicios del mes de noviembre de 1811. Nicolás Bravo lo acompañó hasta Tlapa y después de separarse, Morelos se internó en la intendencia de Puebla y rindió Chiautla e Izúcar, poblado en que se le unió Mariano Matamoros, quien desde el primer momento demostró su don de organización y talento militar.

Poco después marchó al valle de Amilpas, recorrió los linderos de Cuautla y se encaminó a Taxco, reuniéndose con Galeana. Al saber de la caída de Zitácuaro, enfiló a esa región desplegando gran actividad bélica en Tonatico, Tenango, Tecualoya y Tenancingo. De esta población se movilizó por Cuernavaca y Amilpas, acompañado de sus más capaces lugartenientes; finalmente, entró en Cuautla el 9 de febrero de 1812. Previendo un próximo acoso, Morelos hizo fortificar la ciudad hasta donde le permitieron los elementos disponibles y ciertamente, no tardó en situarlos Félix María Calleja con regimientos poderosos. Tropas y vecindario resistieron espartanamente más de dos meses de severo asedio y el "Rayo del Sur" decidió abrirse paso en la memorable madrugada del 2 de mayo de 1812. En Cuautla el pueblo se impuso, y en actos de heroicidad que superan toda descripción, los insurgentes rompieron el sitio. Después de algunos rodeos el gran soldado vallisoletano llegó a Chiautla con sus huestes libertarias, dando término a su segunda empresa guerrera.

A pesar de presiones y contratiempos de natural aparejados en movimientos militares, Morelos no descuidó su tarea política.

Sitio de Cuautla

En Cuautla lanzó un manifiesto a las tropas realistas expresándoles sus ideas para que la nación fuera libre y gobernada por criollos y no por gachupines: "... ya no hay España porque el francés está apoderándose de ella, ya no hay Fernando VII...", "...es licito no obedecer a un rey cuando es gravoso con sus leyes que se hacen insoportables, con las que día a día nos iban recargando en este reino...”.

En tanto, el 19 de marzo de 1812 es promulgada en España la Constitución Política de la Monarquía Española conocida como Constitución de Cádiz. En ella se limita el poder del rey, declara una relativa igualdad de derechos americanos y peninsulares, establece los principios de la soberanía nacional, declara abolido el Tribunal de la Inquisición, la jurisdicción feudal, los derechos señoriales, y suprimida la pena de azotes, la horca y la tortura. Implanta la libertad de imprenta e instituye la elección de los ayuntamientos populares, exime del tributo a los indios.

Esta Constitución serviría de transmisor de las ideas liberales en la Nueva España.

Los debates en las Cortes de Cádiz habían dado principio en agosto de 1811 entre los diputados mexicanos que intervinieron activamente. Polemizaron con vigor y elocuencia Ramos Arizpe, Mendiola, Gunridi y Alcacer, Gordoa, Beye de Cisneros, De Vría. González Lastiri. Ellos defendieron la separación de poderes, la igualdad de derechos, un gobierno local semiautónomo y la igualdad de representación para las provincias ultramarinas.

La novedad de la Constitución gaditana y la publicación de sus primeros decretos en la Nueva España es coincidente con la redoblada actividad del gran caudillo del sur. Reorganizado en Chiautla emprendió su tercera campaña que estaría tapizada de victorias. Avanzó a Chilapa para liberarla de los realistas, y después de auxiliar a Valerio Trujano en Huajuapan, pasó a Tehuacán. De la villa de las aguas termales se dirigió a Orizaba, ocupándola a sangre y fuego el 29 de octubre de 1812. En esta ciudad mandó incendiar el tabaco almacenado, causando estragos a las finanzas virreinales.

Cimentando su posición en Tehuacán con las fuerzas de Matamoros y Miguel Bravo, decidió emprender la conquista de Oaxaca, y Morelos lanzó su célebre orden: "¡A acuartelarse en Oaxaca!". 

La capital de la intendencia de Antequera fue tomada la mañana del 25 de noviembre de 1812, después de un ataque cuidadosamente meditado.

El caudillo permaneció un tiempo en el prehispánico señorío zapoteca, dedicado a reorganizar el ejército; encomendó a Mier y Terán fundir armas y cañones, y acuñó monedas de cobre y plata con la leyenda "Sud". Designó a los integrantes de la corporación municipal y con el doctor José Manuel de Herrera fundó el periódico "El Correo Americano del Sur", en el que insertó su notable manifiesto: "...la libertad es un don innato, la esclavitud, un mal adquirido del que hay que curarse...". En la famosa hoja impresa también colaboró el historiador Carlos María de Bustamante.

Con la toma de Oaxaca, capital de la intendencia del mismo nombre y principal centro productor de la grana (segundo producto de exportación), el territorio de la Nueva España queda virtualmente dividido. Los insurgentes controlan y administran las provincias de Oaxaca y Michoacán, la zona conocida como la Mixteca, parte de Puebla y de la provincia de México y el centro y sur de Veracruz, así como algunas regiones de los valles de Cuernavaca, Cuautla, Toluca. Se puede decir que dominan la mitad del territorio nacional. Es en este momento cuando el movimiento y organización militar de las masas llegan a su punto más alto. Se adentran incluso, hasta Tonalá en la capitanía general de Guatemala.

Junta de Zitácuaro

López Rayón concluye sus "Elementos Constitucionales" que fue el primer proyecto de constitución de México; en él se declaraba que la soberanía emanaba del pueblo, que sobre cuestiones científicas y políticas existiría libertad de imprenta, que la religión católica sería considerada como la única practicable en el país, que se extinguiría el tormento y se establecería el Habeas Corpus para los asuntos de seguridad personal, que los puertos marítimos quedarían abiertos al comercio con el extranjero. Este documento es recibido por Morelos, quien está de acuerdo con él en términos generales; sin embargo, ya que se pretende mantener el nombre del soberano español, exige que "se le quite la máscara a la independencia, porque ya todos saben la suerte de nuestro soberano Fernando VII".

Serios problemas se suscitan en la Junta. Zitácuaro fue tomada, incendiada y destruída por Calleja, y como en el caso de Hidalgo, ofreció 10 000 pesos a quien entregara a Rayón vivo o muerto o a cualesquiera de los miembros de la Junta. Esta se traslada a Tlalchapa, de allí a Sultepec y después a Tiripitío, donde en junio de 1812 vive una situación borrascosa y se anuncia la separación de sus tres principales componentes: Rayón y los vocales Liceaga y Verduzco. Se producen incluso enfrentamientos armados entre las fuerzas del presidente y de los dos vocales. Ante deplorables circunstancias los intelectuales liberales se acercan a Morelos, en esta época de auge de la revolución popular.

En junio de 1812 y de acuerdo con la Constitución de Cádiz, acompañada de la natural ebullición política, se prepara la elección para diputados a Cortes en las provincias o intendencias de la Nueva España, y en las Provincias Internas de Oriente y de Occidente.

En mayo de 1814. Fernando VII regresa al trono español, disuelve las Cortes y deroga la Constitución, encarcelando, entre otros liberales, a los diputados mexicanos Ramos Arizpe, Maniau y Gutiérrez de Terán.

Estos acontecimientos no alteran los planes militares del generalísimo. Inició su cuarta campaña desprendiéndose de Oaxaca el 9 de febrero de 1813 hacia Acapulco, comprendiendo la primera parte de su itinerario: Etla, Huitzo, Nochixtlán, Yanhuitlán y Teposcolula. Sin embargo, en la segunda etapa de ella, su ejército padeció grandes penalidades al cruzar las serranías hasta tocar Tlaxiaco, Putla, Zacalepec, San Pedro Amusgos, conduciendo a brazos bagaje y artillería. Posteriormente recorre Ometcpec, Cruz Grande, San Marcos, Cacahllatepec, Paso Real de la Sabana y nuevamente El Veladero. El 6 de abril estaba ante la ciudad porteña y se posesionó de ella seis días después, más no del fuerte de San Diego que continuaba en poder de los realistas, fortaleza que capituló tras cuatro meses y medio de sitio, el 20 de agosto de 1813. Mientras tanto, Matamoros triunfaba en las cercanías de Oaxaca y Nicolás Bravo por los rumores de Veracruz.

Congreso de Chilpancingo

En el tiempo que transcurrió la campaña de Acapulco, Morelos trabajó en importantes documentos: el decreto de congelación de precios de los artículos de primera necesidad, las epístolas dirigidas a Rayón y Liceaga proponiendo retomar la estructura de la Junta Gubernativa y reunirse a debatir en Chilpancingo, y el lanzamiento de la primera convocatoria para el Congreso de Anáhuac (28 de junio de 1813).

Sometido el puerto, el benemérito soldado dirigió sus pasos hacia Chilpancingo, donde finalmente el 13 de septiembre de 1813 se instala el Congreso. El caudillo formuló un reglamento que determinó la expedición de un decreto declaratorio de la independencia de América, la división expresa del poder en ejecutivo, legislativo y judicial.

El 14 de septiembre, Morelos pidió a su secretario Rosains leyera el admirable mensaje que había redactado: "Sentimientos de la Nación", en el que dejó cinceladas sus ideas políticas, notabilísimas para su tiempo. Urgía la absoluta independencia de la nación, afirmando que la soberanía dimana del pueblo, quien la deposita en el Supremo Congreso, "que el pueblo no tiene que pagar más obvenciones que las de su devoción", la igualdad para todos los hombres suprimiendo las castas y la esclavitud, "y sólo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud". Y más adelante, expresó: " ...como la buena leyes superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales que... moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte que aumente el jornal del pobre... alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto". "Que se quite la infinidad de tributos... (y) se solemnice el día 16 de septiembre".

El día 15 fue elegido generalísimo y encargado del Poder Ejecutivo. Morelos, sin disimular emoción, expresó que sólo era un humilde servidor de la patria y se autotituló "Siervo de la Nación".

José María Morelos y Pavón

El 5 de octubre de 1813 decretó formal y definitivamente la abolición de la esclavitud, en la "nueva ciudad de Chilpancingo", reintegrando a su natural dignidad humana a todos los hombres del país, y el 6 de noviembre la Asamblea aprobó el Acta Solemne de la Declaración de Independencia, rompiendo para siempre la dependencia del trono español.

El Congreso representó el triunfo de la corriente popular sobre Rayón que se oponía a omitir el nombre de Fernando VII en la Declaración de Independencia. Recogió las aspiraciones liberales y demandas populares.

Un manifiesto de Morelos, por demás interesante, que el historiador Romero Flores fecha en la primera quincena de noviembre de 1813, se titula: "Proyectos para la confiscación de intereses de europeos y americanos adictos al gobierno español". En él se establecen las medidas siguientes:

"...deben considerar como enemigos de la Nación... a todos los ricos, nobles y empleados de primer orden, el sistema y legislación europea... que se reduce en sustancia a castigar severamente a la pobreza y la tontera... únicos delitos que conocen... estos corrompidos tribunales".

"...informarse de la clase de ricos, nobles empleados que haya... para despojarles en el momento de todo el dinero y bienes... repartiendo la mitad entre los vecinos pobres... (y) la otra mitad para fondos de la Caja Militar. .. esta medida deberá extenderse al oro, plata y demás preciosidades de las iglesias, llevándose cuenta para su reintegro".

"No hay que temer la enemistad de los despojados.... que son muy pocos, comparados con (el) de miserables que han de resultar beneficiados, ya sabemos... que cuando el rico se vuelve pobre por culpa o por desgracia, son impotentes sus esfuerzos, y los gachupines le decretan el desprecio".

"Deben también inutilizarse todas las haciendas grandes, cuyos terrenos laboríos pasen de dos leguas, cuando mucho porque el beneficio de la agricultura consiste en que muchos se dediquen con separación a beneficiar un corto terreno que puedan asistir con su trabajo e industria y no en que un solo particular tenga mucha extensión de tierra infructífera, esclavizando a millares de gentes para que las cultiven por fuerza en la clase de gañanes o esclavos cuando puedan hacerlo como propietarios de un terreno limitado, con libertad y beneficio suyo y del público"

El 14 de marzo de 1813 Calleja toma posesión como virrey en sustitución de Venegas, y de inmediato decidió poner en acción su plan militar para destruir a su más respetable enemigo: el gran caudillo michoacano. Para facilitar la ejecución de sus proyectos se propuso atacar con energía a los principales grupos insurgentes separados de Morelos: Osomo en Zacatlán, los Villagrán en Huichapan y Zimapán, y Rayón en Tlalpujahua, hasta aniquilarlos y poder así maniobrar sin obstáculos contra el generalísimo. El gobierno hasta entonces mantenía en armas 80 000 hombres diseminados en casi todo el territorio para proteger poblaciones, caminos, minas, plantaciones, de los ataques innumerables guerrillas que auxiliaban directa o indirectamente el núcleo insurgente más importante jefaturado por Morelos, Galeana y Matamoros. Cuando en 1814 regresa al trono Fernando VII, el virrey Calleja es investido con poderes extraordinarios para aniquilar a los insurrectos.

El 7 de noviembre de 1813 salió Morelos de Chilpancingo en pleno apogeo de la revolución popular con el propósito de tomar Valladolid donde pensaba instalar la sede definitiva del gobierno insurgente, así como liberar las intendencias de Guadalajara y Guanajuato. En el trayecto se incorporaron al ejército Galeana, Matamoros y Bravo, reconociendo en su avance la margen derecha del río Mezcala hasta Huetamo. El 12 de diciembre las fuerzas insurgentes llegaron a Carácuaro, prosiguiendo a Valladolid, sumándoseles las partidas de Muñiz, Arias, Ortiz y Vargas. Al sur de la ciudad cuna del caudillo, en las Lomas de Santa María, se establecieron para decidir el plan de ataque. El 23 de diciembre se inició el asalto con tal ímpetu que las avanzadas de Bravo y Galeana penetraron en la población, pero rechazados finalmente por el coronel Landázuri con el auxilio inesperado de Ciriaco de Llano y Agustín de Iturbide, los insurgentes quedaron copados al desbandarse perseguidos hasta Puruarán, donde los derrotaron el 5 de enero.

Desde este momento la insurgencia se vio asediada por el general Armijo. Al enterarse el Congreso de la derrota de Morelos en Valladolid y Puruarán, decidió destituirlo como generalísimo y además lo privó del Poder Ejecutivo. 

El 15 de junio en la hacienda de Tiripitío, en Michoacán, lanzó la proclama anunciando la próxima promulgación de la Constitución. Para cumplir este ambicioso proyecto los diputados se reunieron en Apatzingán el 22 de octubre de 1814. 

En el Palacio Nacional del Supremo Gobierno Mexicano en Apatzingán se promulgó el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, el 22 de octubre de 1814, conocido más tarde como Constitución de Apatzingán, la primera en la historia de nuestro país. A partir de esta fecha el pueblo asume su soberanía y crea los instrumentos y bases jurídicas para ejercerla.

Constitución de Apatzingán

"La Carta de Apatzingán cumple en la Historia de México precisamente el papel de fundar al Estado y es, por ello, nuestra Constitución Constituyente. Los postulados de la soberanía popular, la forma republicana de gobierno, la división de poderes, las garantías individuales y el aliento programático que recorre todo el texto serán en adelante postulados en todo quehacer constitucional..."

En sus principios o elementos constitucionales el notable documento de Apatzingán, declara que la soberanía reside originalmente en el pueblo, el cual está facultado para dictar leyes y establecer la forma de gobierno que más le convenga; que tienen derecho a voto todos los ciudadanos "sin distinción de clases ni países... " "Ninguna nación tiene derecho para impedir a otra el uso libre de su soberanía. El título de conquista no puede legitimar los actos de la fuerza; el pueblo que lo intente debe ser obligado por las armas a respetar el derecho convencional de las naciones". En estos principios queda delineada la política exterior mexicana, vigentes hoy más que nunca.

Establece que la felicidad del pueblo "consiste en el goce de la igualdad, seguridad, propiedad y libertad". Garantiza el derecho de propiedad, pero prevee y esto es muy significativo, que puede ser afectada "cuando lo exija la pública necesidad" con derecho a "una justa compensación", y aún más, fija entre las obligaciones de los ciudadanos “una pronta disposición a contribuir a los gastos públicos, un sacrificio voluntario de los bienes y de la vida cuando sus necesidades lo exijan. El ejercicio de estas virtudes forma el verdadero patriotismo".

En esta Carta queda consignado "Ningún género de cultura, industria o comercio puede ser prohibido a los ciudadanos, excepto los que forman la subsistencia pública", y que "La instrucción como necesaria a todos los ciudadanos debe ser favorecida por la sociedad con todo su poder". "En consecuencia la libertad de hablar, de discurrir, y de manifestar sus opiniones por medio de la imprenta no debe prohibirse a ningún ciudadano...".

Las ideas sociales de Morelos eran aún más avanzadas que las de los diputados constituyentes de Chilpancingo y Apatzingán, los que "tenían que actuar en función de sus intereses de clase, que coincidían con los intereses de los terratenientes y del clero. Por eso no suprimieron las obvenciones parroquiales, y por eso nada hicieron por moderar la opulencia de los ricos y la indigencia de los pobres. Dentro de la concepción social de Morelos, equilibrar económicamente las clases sociales del país significaba destruir el régimen de latifundio.

Morelos se adelantó un siglo a su época. Para que sus ideas se realizaran fue necesario que México consumara su independencia política, hiciera la Reforma y pasara por la dictadura porfiriana.

El virrey encolerizado por la promulgación de la Constitución, ordenó por bando de 24 de mayo de 1815, se quemara "en la plaza pública por J. Tlano de verdugo y a voz de pregonero", uno de los ejemplares que circulaba en la propia capital del virreinato y amenazó "con pena de vida y confiscación de bienes a quienes apoyaran tales ideas”.

La persecución contra el Congreso era implacable. En enero de 1815 se trasladó de Apatzingán a Ario, en donde el inmediato 7 de marzo, con solemnidad se instaló la Suprema Corte de Justicia de la Nación, exaltada como el más alto tribunal de los derechos jurídicos del pueblo.

Iturbide estuvo a punto de capturar a los representantes del gobierno insurgente en Ario, pero éstos pudieron escapar a Uruapan. De aquí pasaron a Tehuacán, lugar al que se dirigió Morelos y su mermado ejército.

Territorio Insurgente en 1813

El caudillo, con entereza inquebrantable decidió escoltar al Congreso a fin de que escapara de las ansiosas garras realistas. Morelos junto con Nicolás Bravo y José María Lobato se encaminó por el Mezcala rumbo al oriente. A pesar de rápida marcha les dieron alcance las fuerzas encabezadas por Manuel de la Concha, en el poblado de Temalaca, el 5 de noviembre de 1815. Ahí fue hecho prisionero el "Siervo de la Nación", héroe de gloriosos combates.

El prócer cautivo, padeciendo las injurias de grilletes, en penoso recorrido fue llevado a Huitzuco, Tepecoacuilco, Cuernavaca y finalmente a San Agustín de las Cuevas, hoy Tlalpan. La madrugada del 22 de noviembre las autoridades virreinales ordenaron trasladarlo a México con el mayor sigilo y extremas medidas de seguridad, encerrándolo en uno de los tenebrosos calabozos de la Inquisición.

El virrey, regocijado por la captura, dispuso que las jurisdicciones unidas, civiles y eclesiásticas, iniciaran el proceso en un plazo improrrogable de tres días. El oidor don Miguel Bataller tuvo la investidura de juez por parte de la autoridad real, y la eclesiástica, el provisor del arzobispado don Félix Flores Alatorre. El día 23 por la tarde, se presentó la confesión de cargos. Para representar al gobierno se nombró al licenciado José María Quiles, defensor de Morelos.

El proceso se efectuó, fácil es presumirlo, por simple formulismo, pues bien se sabía que el sanguinario Calleja y la Santa Inquisición encontrarían motivos suficientes para condenar al ilustre reo.

En el interrogatorio, el generalísimo contestó con admirable entereza: declaró la fecha en que se inició el movimiento, los cargos militares que tuvo y los que confirió autorizado por el Congreso de Chilpancingo.

Todas las acusaciones por parte de las jurisdicciones unidas reales y eclesiásticas, no fueron suficientes para condenarlo, razón por la que el siguiente día 24 de noviembre, se pidió a la Inquisición juzgara a don José María. El fallo no significó sorpresa alguna: la pena de muerte. Lo acusó de hereje y profanador de los sacramentos, traidor a Dios, al rey y al papa. Y en un acto infamante y agresivo se le degradó de sus órdenes sacerdotales.

Al terminar la ominosa ceremonia degradatoria, Morelos quedó a disposición de Manuel de la Concha, notificado para ejecutar la sentencia de muerte por orden del virrey. Todavía transcurrieron largos veintiocho días de vejatoria reclusión.

La madrugada del 22 de diciembre de 1815 salió Morelos de la ciudad de México rumbo a San Cristóbal Ecatepec. Por la tarde, ese mismo día, las balas cortaron la existencia del esclarecido caudillo del sur.

Fusilamiento de José María Morelos y Pavón

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Fuente: La Independencia de México, Atlas Histórico