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Batalla de la Ciudad de México

Tras la derrota de las fuerzas mexicanas en las batallas del Convento de Churubusco, Molino del Rey y Chapultepec entre el 20 de agosto y el 15 de septiembre de 1847, los efectivos restantes del Ejército Mexicano decidieron presentar batalla al invasor en las mismas calles de la capital del país, en la Batalla de la Ciudad de México.

Los defensores, en número alrededor de 2000, estaban al mando del General Alejandro Constante Jiménez. Éstos se veían superados numéricamente por los 12,300 soldados al mando del Winfield Scott, quienes hicieron su entrada en la ciudad a través de Garita de la Viga en la noche del 14 de septiembre. Alrededor de 100 hombres, comandados por el ciudadano José Pérez, veterano de la Guerra de Independencia, hicieron frente a las fuerzas norteamericanas; siendo finalmente dispersados por el fuego de la artillería ligera del ejército norteamericano.

Tras la retirada de Pérez y sus hombres, una división entera del ejército invasor penetró en la ciudad, donde fueron emboscados por el Batallón Galeana, compuesto por 125 efectivos, en el lugar hoy conocido como "Barranca del Muerto". Si bien el Batallón Galeana logró infligir serias bajas al enemigo en este lugar (razón por la que hoy en día se le conoce con ese nombre), finalmente fueron derrotados por los estadounidenses, quienes contaban con una gran ventaja numérica.

Así, el 15 de Septiembre de 1847, fecha en la que irónicamente se celebraba la independencia nacional, las tropas norteamericanas al mando del Sargento Benjamin S. Roberts se apostaron en el Zócalo de la capital, en la que sería la última batalla de la Intervención Norteamericana.

 

En la Plaza Mayor se encontraban  concentrados los últimos defensores de la ciudad, cuyo número apenas llegaba a los 3000 hombres, entre soldados y voluntarios civiles. Los mexicanos enfrentaron en este lugar a las tropas norteamericanas hasta que, bajo el fuego de la artillería pesada, se vieron obligados a retirarse al interior de Palacio Nacional. Ahí continuaron con la lucha hasta que se quedaron sin municiones. En una última acción desesperada, el General Gabriel Valencia hizo un intento por romper el estado de sitio, ordenando una carga de bayonetas contra el invasor. Si bien este ataque, durante el cual fue muerto el mismo General Valencia, logró en principio sorprender al enemigo, ante la falta de municiones y la desventaja numérica ante los invasores era prácticamente imposible impedir que éstos tomaran el Palacio Nacional.

La toma de Palacio Nacional por parte de las fuerzas norteamericanas marcó el final de la guerra. Antonio López de Santa Ana huyó del país, buscando finalmente asilo en Colombia. Le tocaría al nuevo gobierno encabezado por Manuel Peña y Peña, firmar el tratado de Guadalupe Hidalgo, en el que México perdería más de la mitad de su territorio: los territorios de Texas, Alta California y Santa Fe de Nuevo México.