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El hombre de Tepexpan

El hombre de Tepexpan, con nombre oficial Tepexpan 1, es un esqueleto de época precolombina, descubierto por el arqueólogo Helmut de Terra en febrero de 1947, a orillas del antiguo lago de Texcoco en el centro de México.

El cuerpo fue descubierto junto a la presencia de huesos de mamut, sin duda herido y con rabia, que al parecer habría pisoteado a la mujer, antes de ser asesinado por los cazadores primitivos haciendo uso de sus lanzas hace cerca de 11.000 años.

Últimas investigaciones realizadas por Santiago Genovés en 2004, sugieren que el hombre de Tepexpan tiene en realidad 7 mil años de antigüedad, según una publicación que hizo en el American Journal of Physical Anthropology. Su hallazgo fue un hecho importante para los antropólogos mexicanos, ya que resulta clave para entender cómo era la zona del Valle de México hace casi 5000 años, además de permitir datar el inicio del poblamiento del área que actualmente ocupa la Ciudad de México.

La investigaciones realizadas revelaron más tarde que el esqueleto por su morfología craneal era el de una mujer. Su tamaño era de aproximadamente de 1,68 metros. A pesar de la mineralización ósea, esta mujer debió tener entre 35 y 45 años de edad cuando murió.

El descubrimiento, en 1984, de un esqueleto completo, que data de 12.000 años, con las características parecidas al del homo sapiens le permitió al profesor Javier Romero considerar un homo sapiens de origen autóctono en el continente americano. Él admite que tomará en cuenta más descubrimientos como el del hombre de Tepexpan y del hombre de Chimalhuacán, para apoyar su investigación y comparar las similitudes entre los esqueletos y finalmente lanzar la hipótesis de un homo sapiens de origen autóctono, no mongoloide, y no específicamente europeo y australiano, pero a pesar de todo con algunas características de ellos.

Actualmente, los restos se encuentran en el Museo Prehistórico de Tepexpan.