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El ajolote

 

Este singular anfibio, endémico de la zona lacustre del valle de México, es una criatura pariente de las salamandras, de piel lisa, cabeza ancha y plana, cuerpo alargado, y un tamaño que puede alcanzar los 40 centímetros de longitud. Su color varía de acuerdo a su forma de vida, puede ir del negro al marrón moteado cuando se encuentra en libertad, mientras que en cautiverio son comunes los ejemplares blancos o albinos. El ajolote se alimenta de pequeños peces, moluscos crustáceos, larvas de insectos y otros organismos que encuentra en el fondo de los canales, e incluso puede devorar ejemplares de menor tamaño de su propia especie. Es una criatura solitaria y escurridiza, que sólo interactúa con sus semejantes en época de apareamiento.

El ajolote es un animal muy interesante, lleno de cualidades únicas, como sus branquias externas, que le dan su aspecto tan particular, o el hecho de que aun en su vida adulta conserva características larvarias, como su aleta dorsal de renacuajo; aunque sin duda alguna su rasgo más extraordinario es su capacidad para regenerar ciertas partes de su cuerpo, como las patas, la cola e incluso las células cardiacas y neuronas cerebrales.

El ajolote ha inspirado historias y leyendas desde la época prehispánica. En tiempos del imperio azteca, se contaba que cuando los dioses debieron sacrificarse para dar paso al nacimiento del quinto sol, Xólotl, gemelo de Quetzalcóatl, se lanzó a los canales de Xochimilco para librarse del sacrificio, convirtiéndose en este especial y asombroso anfibio. Los antiguos pobladores del Valle de México creían que este animal poseía propiedades curativas, y su carne se utilizaba para combatir distintas enfermedades, sobre todo entre los niños. Aunque estos supuestos poderes curativos del ajolote no se han comprobado, lo cierto es que hoy en día grupos científicos de varias universidades del mundo estudian su capacidad de regeneración orgánica, con el fin de conocer la manera en que funciona este mecanismo.

Este animal, que en el pasado fue protagonista de mitos y leyendas, y en nuestro tiempo ha inspirado a autores como Roger Bartra, Octavio Paz y Julio Cortázar, se encuentra en peligro crítico de extinción. En cautiverio, el ajolote tiene una esperanza de vida de hasta 15 años, mientras que en estado libre esta expectativa tan solo es de tres a seis años. Entre 1996 y 2014 la densidad en la población de ajolotes en los canales de Xochimilco pasó de mil ejemplares por kilómetro cuadrado, a sólo un ejemplar por cada tres kilómetros cuadrados. Los depredadores naturales del ajolote son las aves de presa como las garzas y tradicionalmente los habitantes locales han consumido su carne en platos como el ajolote asado, el mextlapique de ajolote y la ajolotada, considerados por algunos auténticos manjares. Las amenazas principales para esta especie son la captura ilegal de ejemplares para comerciarlos por su carne o como mascotas, las especies introducidas por el hombre, como la carpa y la tilapia, que devoran sus crías y huevos, y sobre todo la reducción progresiva de su hábitat y la contaminación de las aguas.

Actualmente, se realizan esfuerzos por rescatar al ajolote de la extinción. La UNAM ha abierto un espacio para el refugio y la conservación del ajolote en la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, y se están llevando a cabo iniciativas, como la de crear refugios dentro de los canales de Xochimilco, en donde tanto los huevecillos y larvas, como los ajolotes adultos puedan estar a salvo de las especies invasoras que amenazan su supervivencia.

Sin embargo, ninguno de estos esfuerzos funcionará a menos que la sociedad tome conciencia de la irreparable pérdida que significaría la desaparición de esta criatura, tan representativa tanto de la biodiversidad como de la historia y la esencia misma de México.