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El chapulín

El chapulín es un insecto de la familia de los ortópteros, grupo al que también pertenecen los saltamontes, los grillos y las langostas, que se caracterizan por su característica figura, que cambia de tamaño según la variedad, y el peculiar chirrido que producen con sus cuerpos. El nombre científico de esta orden se deriva de las palabras en griego, ortos y pteron, que juntas significan “alas rectas”, pero el origen del nombre “chapulín” es náhuatl y quiere decir “animal que brinca como pelota de hule”. Existen más de 15 variedades de este insecto, y las más conocidas son aquellas que son comestibles.

El chapulín es un insecto pequeño, con un tamaño de 1.5 a 2.5 centímetros de largo, con un cuerpo alargado de alas apergaminadas, que pueden ser alargadas dependiendo de la subespecie, lo que les permite volar; con fuertes patas traseras, adaptadas para saltar. Su color puede variar de un tono verde olivo brillante con manchas negras, al gris, a un pardo, que puede variar de claro hasta oscuro negruzco.

La mayoría de las variedades de chapulín ponen sus huevecillos en el suelo, por debajo de la superficie de la tierra, entre los meses de junio y septiembre. Los huevos eclosionan a partir del mes de mayo y las ninfas, es decir, los chapulines jóvenes, empiezan a alimentarse de inmediato de hojas y frutos, lo que los convierte en un problema para los cultivos.

En distintos estados de la república mexicana, pero especialmente en Oaxaca y Morelos, es tradición desde tiempos prehispánicos comer estos pequeños animalitos. Durante la época de lluvias, los chapulines se reproducen en enormes cantidades, y se convierten en una plaga para los agricultores, quienes los recolectan a mano directamente del suelo, en las milpas. Los chapulines atrapados se dejan un par de días dentro de una bolsa de plástico para que se “vacíen”. Posteriormente, se les sumerge en agua y se les limpia para después colarlos, marinarlos con sal, chile en polvo y jugo de limón. Por último, se les tuesta en comales de barro o se les fríe hasta  que queden crujientes. En los mercados tradicionales de lugares como las ciudades de Oaxaca, Cuernavaca o Tepoztlán, es común encontrarlos en puestos de comida; los chapulines tienen grandes beneficios nutricionales, pues gran parte de su peso corporal contiene proteínas, 340 gramos de chapulines equivalen a un filete de pescado. Hay muchas maneras de preparar platillos a base de chapulines, pero las formas más tradicionales de consumirlos son: en guisado con nopalitos, en quesadillas o sencillamente como una botana muy nutritiva, y mucho más saludable que las típicas frituras. Al principio, es un tanto difícil superar el aspecto de este animalito, en especial por las patas, pero la mayoría de la gente que los ha comido afirma que son deliciosos. Junto con los escamoles, los chinicuiles, los gusanos de maguey, las hormigas de San Juan, así como otros alimentos menos exóticos, como el cacao, el maíz, el frijol, el chile y el cacahuate, los chapulines forman parte del acervo gastronómico que los mexicanos hemos consumido desde épocas precolombinas, y los chapulines son grandes favoritos de muchos mexicanos, e incluso de extranjeros que se animan a probarlos.