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La herbolaria mexicana

En los mercados de muchas ciudades y pueblos a lo largo de nuestro país es común encontrar pequeños establecimientos –y a veces no tan pequeños— que ofrecen distintas hierbas y flores secas, semillas, hojas, raíces y trozos de cortezas con nombres tan curiosos como hierba del pollo, palo azul, cuachalalate, hierba del golpe o cola de alacrán. Las personas a cargo de estos lugares y que hacen las veces de boticario, suelen ser hombres y mujeres de rasgos indígenas, quienes cuentan con el conocimiento y la sabiduría suficientes para explicar los usos de cada planta y prescribir remedios para un gran número de dolencias, mismos que normalmente consisten en infusiones realizadas a partir de uno o más componentes.

La herbolaria se ha practicado en México desde épocas prehispánicas. La vastísima variedad de plantas, sus poderes curativos para una inmensa cantidad de enfermedades, aunado al profundo conocimiento de quienes se han encargado de preservar un sistema de medicina tradicional que compite con el ayurveda de la India o la acupuntura de China, hacen de esta antigua ciencia un auténtico patrimonio inmaterial de México para el mundo. Entre los remedios más populares de la herbolaria se encuentran la cola de caballo, una planta con poderes depurativos y remineralizantes que se utiliza para combatir la retención de líquidos y los cálculos renales; la ruda, que es antiespasmódica y se usa desde tiempos ancestrales para curar la artritis, la epilepsia y el mal de espanto; o el compuesto para la tos, una mezcla que incluye gordolobo, eucalipto, flor de bugambilia y zacate limón, que trata todo tipo de afecciones de las vías respiratorias.

Por desgracia, el conocimiento herbolario ha sufrido la descalificación por su naturaleza empírica y porque se le relaciona con las clases sociales populares. Es común que muchos médicos desprecien estos saberes por considerarlos “primitivos” y desaconsejen el uso de las plantas curativas, dando preferencia a los medicamentos de patente producidos por la gran industria farmacéutica. Hace apenas unos años, la herbolaria mexicana estuvo a punto de sufrir una estocada mortal, pues el gobierno federal lanzó una iniciativa de ley destinada a prohibir la venta de una larga lista de hierbas y compuestos. El pretexto fue que este tipo de remedios naturales no cuentan con el respaldo de los grandes laboratorios, y que al tener un proceso de manejo y elaboración artesanal y carecer de certificación oficial, no cumplen con los estándares de higiene y pueden poner en riesgo la salud de los consumidores. La realidad es que durante siglos muchos mexicanos han recurrido a este tipo de alternativas de salud con muy buenos resultados. Por fortuna, las reglas no escritas, aunque muy arraigadas, de los usos y costumbres prevalecieron sobre esta iniciativa que hubiera borrado de tajo un conocimiento ancestral y una tradición con gran valor histórico y cultural.

Hoy en día, la herbolaria ha cobrado nueva fuerza, ya que cada vez se comprueban más, a través de investigaciones y estudios científicos serios, los maravillosos poderes terapéuticos y curativos de la inmensa variedad de plantas de México. Además, cada día más personas han tomado la decisión de optar por un estilo de vida más cercano a lo natural. En la actualidad es posible cursar la carrera de herbolaria como curso universitario, y varias instituciones a nivel nacional ya han formado a numerosos especialistas en esta ciencia milenaria que está más viva que nunca.