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Historia de la literatura en México

La literatura de México es una de las más prolíficas de la lengua española. Sus antecedentes se remontan a las culturas indígenas de los pueblos mesoamericanos.

 

Literatura de los pueblos precolombinos en México

A pesar de que los pueblos de Mesoamérica desarrollaron sistemas de escritura, estos no fueron empleados para conservar su literatura. La mayor parte de los mitos y obras literarias de los pueblos se transmitieron de forma oral. Se sabe que los novicios de los sacerdotes mexicas tenían que memorizar obras líricas y de la mitología de su pueblo. Algunas de estas producciones fueron fijadas para siempre por medio del alfabeto latino que los misioneros de las Indias emplearon en el siglo XVI para transcribir la información que recibían de los indígenas.

La obra de los misioneros en el centro de México permitió conservar más fielmente la tradición oral de los pueblos de habla náhuatl que la de otras culturas de otras zonas de Mesoamérica. En ese sentido resulta especial el conjunto de obras líricas atribuidas a Acolmiztli Nezahualcóyotl(1402-1472), tlatoani de Tetzcuco, que pasó a la posteridad con el título de Rey Poeta. Sus obras, junto con las de otros nobles de los pueblos nahuatlacas del Altiplano como Ayocuan (de Chalco-Atenco) y Tecayehuatzin (de Huexotzinco), constituyen la muestra más amplia de obras líricas y filosóficas precolombinas recuperadas para la posteridad.

De menores dimensiones es el acervo literario recuperado entre otros pueblos del Posclásico como los purépechas, zapotecos y mixtecos. El caso de los mixtecos es especial porque se conservan 4 códices escritos por Ocho Venado, yya (Señor) de Tilantongo y Tututepec, que han permitido hacer una aproximación a la historia de ese pueblo.

 

En la zona maya se conservaron fragmentos de los llamados Libros de Chilam Balam, que fueron escritos por personajes anónimos durante los siglos XVI y XVII. Son una fuente muy importante para el conocimiento de la religión, historia, folclore, medicina y astronomía maya precolombina.

Bien conocida es también la literatura precolombina de los quichés, pueblo mayence que habitó en lo que hoy es Guatemala. En idioma quichué se escribió el Popol Wuk o Libro de Consejo, que incorpora dos mitos cosmogónicos mayas: la creación del mundo y el descenso de Hunahpú e Ixbalanqué a Xibalbá, el inframundo de los mayas.

Arturo Warman adelanta como hipótesis que las coplas interpretadas por los músicos yaquis y mayos durante la ejecución de la famosa Danza del Venado tienen su orígen en la época precolombina, y que han llegado hasta nuestros días con pocos cambios desde entonces.

Las principales manifestaciones de los pueblos prehispánicos fueron:

-La poesía épica que relataba la vida de los personajes famosos, lo referente a Quetzalcóatl, la fundación de ciudades y preregrinaciones de tribus.

-La poesía lírica de tipo religioso, bélico o filosófico

-La poesía dramática, que mezclaba elementos musicales y dancísticos, como la fiesta a Tezcatlipoca.

-La prosa: histórica y genealogías, didáctica como los Huehuetlatolli o los proverbios.

El virreinato y sus escritores

Siglo XVI:

Durante este siglo, la literatura estuvo vinculada principalmente con el momento histórico de la conquista, particularmente en las cartas y las crónicas de la época.

Siglo XVII

En este período se fortaleció el arte barroco. Muchos de los autores conocidos del siglo incursionaron en el terreno de los juegos literarios con obras como anagramas, emblemas, laberintos y laberintos. Hubo autores notables en la poesía, la lírica, la narrativa y la dramaturgia. También se escribieron sonetos, décmia, octava real, romance, epigrama, glosa, centón, quintilla, vaya, redondilla, redondilla de pie quebrado, romance con asonantes torzosos, entre otros estilos.

Siglo XVIII

Durante este siglo predominaron los escritores ilustrados y clasicistas.

México independiente (siglo XIX)

 

Durante el siglo XIX hubo tres grandes corrientes literarias: el romanticismo, el realismo-naturalismo y el modernismo.

Los escritores románticos se agruparon en cientos de asociaciones, entre las más importantes destacan la Academia de Letrán, fundada en 1836, y el Liceo Hidalgo, fundado en 1850, a quienes se etiquetó como neoclásicos o académicos, en oposición a la categoría de “románticos” que se les daba a los primeros.

Más tarde, durante el auge del positivismo, el gusto estético cambió.

Dentro de la corriente modernista, revolución literaria originaria de América Latina, hubo numerosas innovaciones métricas y de rima, resurgimiento de algunas formas que estaban en desuso y, principalmente, hallazgos simbólicos. Entre 1895 y 1910, México se volvió un núcleo de actividad modernista. México vio nacer a importantes ensayistas, novelistas y cuentistas y poetas.

Siglos XX y XXI

En los años que van de 1900 a 1940 siguió predominando en la poesía el modernismo, y en la prosa el realismo y naturalismo. Durante este período convivieron los representantes de la literatura decimonónica con los integrantes del Ateneo de la juventud.

De 1915 a 1930 hubo tres corrientes principales: el estridentismo, una renovación estilística que incorporaba influencias de las vanguardias europeas; otra formada por un grupo de escritores que retomaban temas coloniales y otra formada por los escritores que comenzaron a publicar las llamadas “novelas de la Revolución”.

 

Hasta mediados de la década de 1940 hubo autores que continuaron con la narrativa realista, pero también conocieron su auge la novela indigenista y las reflexiones en torno al ser y la cultura nacional. Surgieron nuevas generaciones poéticas agrupadas en torno a las revistas Taller y Tierra Nueva.

Con la publicación de “Al filo del agua” de Agustín Yáñez en 1947 comenzó lo que llamamos “novela mexicana contemporánea”, que incorporó técnicas entonces novedosas, influencias de escritores estadounidenses, e influencias europeas.

En 1960 se editó la antología “La espica amotinada”, que agrupó al importante grupo de poetas: una Bañuelos, Oscar Oliva, Jaime Augusto Shelley, Eraclio Zepeda y Jaime Labastida. Las revistas literarias fueron uno de los principales vehículos de difusión de los escritores, de manera que se tiende a agrupar a muchos de ellos bajo el nombre de las revistas en las que participaron.

El Hijo pródigo fue dirigida por Xavier Villaurrutia, del grupo Los Contemporáneos, quien tuvo como coolaborador a Octavio Paz. Octavio Paz fundó, tras su salida del periódico Excélsior, la revista Vuelta, que encabezó durante muchos años la cultura nacional, fundamentalmente tras la muerte de Martín Luis Guzmán en 1976. Tras la muerte de Octavio Paz, un grupo de sus coolaboradores trató de fundar una revista que ocupara su lugar, pero la revista naciente, Letras libres, no logró tener la aceptación que tuvo Vuelta.

La Generación de la Casa del Lago

 

Le llamaron Generación de la Casal del Lago o de la Revista Mexicana de Literatura, y al igual que el movimiento de Ruptura, un objetivo primordial de estos escritores fue dejar de lados los sentimientos nacionalistas y la literatura indigenista para lanzarse a una expresión literaria mucho más universal, siendo sus principales modelos diversos artistas mexicanos que de igual forma propusieron una expresión artística más amplia, tales como los integrantes del llamado Ateneo de la Juventud, los autores contemporáneos y la llamada Generación Taller. No hay una fecha precisa o año exacto en el que pueda definirse el comienzo de esta corriente; sin embargo, el año 1956 fue crucial para este grupo de artistas, por ser el año en que Octavio Paz publicó su ensayo El arco y la lira, donde hacía referencia a las características de la escritura, de la poesía y la novela, de la vocación mística de la literatura, de lo sagrado y el misterio del arte. Esta obra fue de suma importancia para los escritores de la Generación de la Casa del Lago, ya les marcó la pauta acerca de las características que anhelaban transmitir en sus obras. José Emilio Pacheco consideraba que 1958 fue otro año esencial para estos intelectuales, marcado por la publicación de la famosa obra del aclamado escritor Carlos Fuentes, La región más transparente, considerada la primera novela urbana por excelencia. Un factor que favoreció la cohesión de los autores de esta corriente, fue su integración en diversas instancias culturales con la ayuda de Jaime García Terrés, quien entre 1953 y 1965 ocupó el cargo de Director de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México. Papel fundamental desempeña en la unión de esta generación de escritores, la fundación de La Casa del Lago, de cuyo nombre se adquiere el mote de dicha generación, ubicada en el Bosque de Chapultepec en la Ciudad de México y cuyo primer director fue el talentoso Juan José Arreola quien se encargó de reunir a una serie de artistas que sacudieron el panorama cultural de la época. En los diversos espacios se experimentó, se rompió con las formas dominantes del arte en las diversas disciplinas y con frecuencia se arriesgó hasta nuevos límites, convirtiendo al foro universitario de Chapultepec en un referente del arte emergente y un espacio de formación e información de lo que sucede en el arte en otros países. La literatura de los escritores de la Generación de la Casa del Lago tiene un fin en sí misma y está llena de claves secretas, de influencias de escritores de otras latitudes que sólo ellos conocían en México, siempre hay mucho más que leerles entre líneas, pudiendo decirse que en forma esencial se agrupó bajo las siguientes características:

·Fueron herederos de las generaciones de Ateneístas, Contemporáneos y Taller. El arco y la lira, de Octavio Paz, es una especie de manifiesto de su cohesión como grupo. Su punto de partida literario fue La región más transparente, de Carlos Fuentes.

·A través de traducciones y reseñas dieron a conocer tanto a escritores noveles mexicanos como a extranjeros consagrados y casi desconocidos.

·Se desenvolvieron en casi todos los géneros literarios, pero destacaron como narradores. Le dieron una importancia capital al cuento y también fueron editores y traductores. Hicieron crítica de diversas artes: pintura, cine, literatura y música.

·Poseían un “afán cosmopolita”, una necesidad de afirmarse como mexicanos desde el universalismo. Desplazamiento a la ciudad, su literatura es más urbana que rural o indigenista.

·Su compromiso literario fue inmenso e intenso, mientras que su compromiso político fue sólo de palabra y los llevó a la acción hasta 1968.

·Adoptaron las características de la poesía que enumera Octavio Paz en El arco y la lira a cuentos y novelas: lo sagrado, la mística, lo nocturno del ser, la metamorfosis, la otredad, la revelación, el rito, etcétera.

·Sus temas recurrentes fueron sus obsesiones: lo prohibido, el tabú, el incesto, la locura, el erotismo y la violencia. Exigentes y perfeccionistas al extremo, buscaron “La Verdad” como fin en la literatura.

·Prefirieron desvincularse de la sociedad: el artista creando en soledad.


Hasta la fecha no ha habido otra generación que los supere en talento y productividad. Ningún otro grupo en México ha alcanzado tal calidad literaria y nivel de compromiso con el arte. Los más jóvenes, Carlos Monsiváis (1938-2010) y José Emilio Pacheco (1939-2014), se convirtieron en íconos de la cultura nacional.